Al norte de Monagas, en la Serranía del Turimiquire está el pueblo de Caripe, el Jardín de Oriente, destaca de toda la geografía oriental por su clima de montaña y por ser la cueva de los guácharos que se ubican en la Cueva que le da su nombre. El lugar es emblemático y sobre el mismo que atrae a viajeros y amantes de la naturaleza de todo el mundo hay muchos mitos que resolveremos en esta crónica
¿Es cierto que la Cueva del Guácharo llega hasta Brasil? No hay evidencia que respalde la afirmación de que la Cueva del Guácharo llega a Brasil. La cueva es conocida por ser el hogar de una colonia de guácharos, aves nocturnas que se alimentan de frutas y peces, y es uno de los pocos lugares en el mundo donde se pueden observar estas aves en su entorno natural. La cueva es parte del Parque Nacional El Guácharo, que abarca 62.700 hectáreas y fue declarado parque nacional el 27 de mayo de 1975 para garantizar la continuidad de los procesos geológicos y biológicos que se cumplen en la cueva.

La cautivadora sede de los guácharos
Ha cautivado a científicos, exploradores y turistas por igual. Ubicada en el Parque Nacional El Guácharo, esta monumental cavidad natural no es solo un capricho de la erosión, sino un ecosistema vibrante, un santuario para la especie que le da nombre, el guácharo (Steatornis caripensis), y un testimonio viviente de millones de años de historia geológica.
Desde su exploración inicial por Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX hasta su designación como el primer Monumento Natural de Venezuela en 1975, la cueva ha sido un faro de investigación y conservación.
Formación Geológica y el Descubrimiento
La historia de la Cueva del Guácharo se remonta a millones de años, mucho antes de que el hombre pusiera un pie en sus galerías. Su formación es el resultado de un proceso geológico complejo y prolongado. Ubicada en la Serranía del Interior Oriental de la Cordillera de la Costa venezolana, la cueva se encuentra en rocas sedimentarias de la Formación San Juan y Formación Guácharo, predominantemente calizas del Cretácico Superior, que datan de aproximadamente entre 100 y 66 millones de años atrás. Estas calizas, ricas en carbonato de calcio, fueron expuestas a la acción erosiva del agua a lo largo de eones.
Un Ecosistema Único
La Cueva del Guácharo es mucho más que una simple cavidad subterránea; es un ecosistema complejo y delicado que alberga una biodiversidad excepcional, adaptada a las condiciones extremas de la oscuridad y la alta humedad. En su corazón se encuentra el guácharo (Steatornis caripensis), el ave nocturna de la familia Steatornithidae, que le da nombre. Esta ave es un elemento clave del ecosistema cavernario, no solo por su número sino por su función ecológica. Los guácharos son frugívoros especializados, alimentándose principalmente de los frutos de palmas y laureles que crecen en los bosques circundantes al parque. Durante la noche, salen de la cueva en busca de alimento, y al regresar, regurgitan las semillas, dispersándolas por el suelo del bosque y contribuyendo a la regeneración forestal. Este proceso es vital para la salud del ecoscosistema circundante, lo que convierte a los guácharos en dispensadores de semillas esenciales.
La Dieta del Guácharo
Estudios realizados en el Parque Nacional El Guácharo han documentado la dieta del guácharo, revelando una preferencia por frutos ricos en lípidos, lo que les proporciona la energía necesaria para sus vuelos nocturnos. Investigaciones de campo, como las publicadas en la revista «Ornitología Neotropical» en 2005 por investigadores de la Universidad Central de Venezuela, han identificado más de 100 especies de plantas cuyos frutos son consumidos por estas aves.
Además de los guácharos, la cueva alberga una rica comunidad de fauna cavernícola. Murciélagos de diversas especies comparten las alturas de las bóvedas con los guácharos, mientras que en el suelo húmedo y en las pozas de agua se encuentran arácnidos, insectos, anfibios e incluso pequeños crustáceos. Muchas de estas especies son troglobias, lo que significa que están completamente adaptadas a vivir en la oscuridad y no pueden sobrevivir fuera de la cueva. La interacción entre estas diferentes especies, desde los depredadores hasta los descomponedores, crea una red alimentaria intrincada que depende directamente de los recursos introducidos por los guácharos.
La Cueva del Guácharo no solo es un prodigio natural, sino también un sitio de profundo impacto cultural y científico. Su existencia ha influido en las comunidades indígenas locales desde tiempos inmemoriales y ha sido un epicentro para la investigación biológica y geológica. Uno de los casos más notables de su influencia cultural es la tradición ancestral de la «cosecha del aceite de guácharo» por parte de las comunidades Chaima y Piarora.
En el ámbito científico, la Cueva del Guácharo ha sido un verdadero laboratorio natural. En la década de 1980 y 1990, equipos de investigadores venezolanos, liderados por biólogos de la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Central de Venezuela, han continuado con estudios sobre la espeleogénesis de la cueva, la composición del guano y su influencia en la microfauna, y los patrones de vuelo y anidación de los guácharos.
La designación de la Cueva del Guácharo como el primer Monumento Natural de Venezuela el 15 de julio de 1975 y la creación del Parque Nacional El Guácharo en 1978 fueron hitos cruciales para su conservación. Estas acciones legales buscaron proteger no solo la cueva en sí, sino también el extenso bosque circundante que es vital para la alimentación de los guácharos.
El Silencio de la Oscuridad
Cada visita a la Cueva del Guácharo es una inmersión en una dimensión donde el tiempo parece detenerse y los sentidos se agudizan. El eco de los clicks de los guácharos navegando en la oscuridad, la constante humedad que impregna el aire y la monumentalidad de las estalactitas y estalagmitas que cuelgan del techo y emergen del suelo, evocan una sensación de asombro y pequeñez ante la obra de la naturaleza. Es un lugar que nos invita a reflexionar sobre la interconexión de los ecosistemas y la delicadeza de los equilibrios naturales. La cueva no es solo un destino turístico, sino un recordatorio vivo de la importancia de la investigación científica continua y la educación ambiental para asegurar la protección de estos tesoros para las futuras generaciones.

